Sidrería La Teya (Lugones) 0 Guatas

Ante la actual situación de desoladoras cifras de desempleo, recortes en educación, la situación del Sporting y la dureza del Mortirolo, T-Manao y el artista anteriormente conocido como la Iotez decidieron tomar cartas en el asunto (un as de oros y el 5 de copas, para más detalles) y presentarse en Oviedo para participar de manera activa y jocosa en la manifa de estudiantes que tenía lugar por las calles ovetenses.

Tras esto, una vez tranquilizada su conciencia social, ambos activistas notaron una creciente sensación de vacío en el estómago, por lo que me llamaron para ir a comer a Lugones.

Nos decantamos (o más bien se decantaron porque yo fui donde me dijeron) por la Sidrería La Teya, en la única calle céntrica que hay en Lugones.

Puertas de madera pesadas, cristales que no dejan entrever lo que a uno le espera en el interior, y el típico toldo verde sidril, junto con la típica pizarra donde se anunciaba un menú que a priori no parecía mala cosa por 8 sextercios.

Los activistas, más hambrientos que el que suscribe, optaron por una paella de carne de primero, que devoraron gustosamente, apartando el pimiento en el caso de Iotec. La velocidad de jala y lo poco que quedó en el plato me hace pensar que era un manjar aceptable.

Yo me decanté por pastel de cabracho, sin oricios a poder ser. Cortado lo más fino que se puede cortar con un cuchillo, con una puta cucharada pequeña de mayonesa, venía acompañado por 10 o 12 panecillos que, como casi siempre, se acaban antes que el cabracho, por mucho que los untes con cantidades grotescas de paté que te acaba pringando los dedos.

Los tres mosqueteros, el tridentre, las tres marías, decidimos atacar los escalopines al cabrales como segunda opción. En realidad se trataba de trozos de cartón empanaos (en uno de mis escalopines todavía se podía leer “esta cara arriba” y en otro “Frágil, deme la vuelta, estoy al revés”. 3 trozos de cartón por barba, pero salsa cabrales la que coja en un dedal. Esos escalopines a la salsa cabrales la vieron pasar, como quien dice. Saben que existe y poco más.

En cuanto a postres, Iotec tomó el típico helao que se compra en el Lydl, yo tomé un flan que fue lo mejor de la comida, con nata y caramelo, casero y good, y Manao la verdad ye que no me acuerdo, pero algo putrefacto y fétido, sin duda.

Abonamos los 24 boniatos que nos costó tamaña comida y dejamos el comedor con un pavo que comía sólo con cara amargao, dos parejas que no sabían la que se les venía encima y un grupo de jubiletas andaluces que decidieron no comer el menú, sólo para descubrir que de todo lo que pone en la carta, literalmente no hay nada.

La sudaca que regenta el establecimiento (probablemente hace 10 años estaría de buen ver) alegaba que es que no había venido el carnicero. Cuando los vejetes alegaron que querían bacalao, la pro Chávez dijo que no había venido el pescadero, y así sucesivamente, hasta que al final, probablemente, optasen por tomar el menú.

Le otorgo 0 guatas y apercibo a todos nuestros lectores que, salvo que quieran saber lo que se siente al lamer un cenicero, ser vomitado encima por una vaca y que te pille con la boca abierta o beber estiércol, ni se acerquen a este establecimiento, y menos para comer.

Comentarios

Entradas populares