Pazo de Monterrey (4 guatas)

 


Y dijo Dios, "Parez que me apetez un poco de salpicón, oyisti?" y entonces, en cualquier momento de la creación entre que creaba las cebras y el suelo rocoso de Lanzarote, por ejemplo, creó el plato de salpicón (Splashatón, in English) del restaurante Pazo de Monterrey, en la célebre Villa del Adelantado, que cada vez frecuentamos más gracias a las más recientes incorporaciones al equipo de Alicata tu gata, José Méndez alias Iniesta y Vanessa García alias "Vane Betih".

Situado en una calle cuesta abajo (Siempre y cuando vengas de arriba), este local es famoso por el plato que aparece en la foto, y se precisa reserva, salvo que uno sea colegoide de Iniesta, en cuyo caso un camarero muy enrollao te asegura que allí comes. No sabe cuándo, pero allí comes. Tienen una primera línea de defensa compuesta por un camarero portugués que te dice que sin reserva que imposible, pero no le debe de gustar el fútbol porque no conocía a Iniesta.

La vida es demasiado corta para complicarse, y siguiendo el consejo del susodicho goleador del Mundial y de nuestro amigo de toda la vida Carlos, optamos por lo que ellos llaman el Big Three del Pazo: Salpicón, pulpo y carne. Vanessa, por razones que tienen que ver con el próximo nacimiento de TBD (To be Determined, manda huevos que a estas alturas estemos sin nombre), prefirió deglutir una pierna de lechazo (Milkazo) y Sabrina ordenó vehementemente una de croquetas, porque como vio que Chicote siempre las pide y es un buen baremo para saber si estás en un restaurante o en un cuchitril, consideró que era buena idea.

Regamos tal pitanza con vino Rivendel, de las bodegas Elrond, más de 200 años tiene el elfo en cuestión así que imaginate el vino (adjunto foto para los incrédulos):




Al final, el camarero portugués, ante la imposibilidad de impedir que comiésemos allí y viendo que parecíamos conocer al jefe, vino a hacerse colegoide nuestro y a contar historias sobre sus andanzas por el mundo. Se produjo un terrible malentendido porque al parecer, algo en nuestra actitud le hizo pensar que nos interesaba lo más mínimo. Nada más lejos de la realidad.

En definitiva, juntarse con el equipo de Alicata tu guata de Avilés o con Carlos, es síntoma de ir a comer bien sin lugar a dudas. Y parece que en Avilés abundan los garitos de buena olla y sartén, los ingredientes calidosos y los momentos que hacen que la vida sea muy disfrutable.

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