Brutus (2 guatas)

Dirigíame yo con Brina, Frank, Larota la Malota y mi tía Paz a Parque Principado a hacer de consumistas, cuando, tras tanto consumir, nos vino el hambre.

Por probar, decidimos introducir nuestros cuerpos serranos en el BRUTUS, restaurante grotesco con cartas grotescas y comida de proporciones pantagruélicas.

Lo único destacable del antro en cuestión es el tamaño de la jala, desproporcionado y a lo bestia.

La calidad de la misma puede catalogarse de "comida de arcón congelador servida en plato grande".

Mi burgueresa brutesca era insípida como la que más. No conocen la existencia de la sal. Las costillas de Brina tampoco llegaban al aprobado, mientras que el sandwich vegetal de mi tía dejaba indiferente.

Amabilidad del personal, eso sí, y la posibilidad de rellenarte el refresco. Si. Rellenarte, porque no te lo rellenan, te tienes que levantar tú a rellenarlo.

Una vez cumplido el trámite de visitar este novedoso restaurante, no volveré más en mi puta vida. Prefiero que me lama un tigre, a volver a sufrir la desalazón brutusil.

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